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lunes, 3 de junio de 2019

Elizabeth Diller, la arquitecta que transformó Manhattan



Elizabeth Diller en su estudio de Manhattan. LANDON SPEERS
publicado en El País 
Álex Vicente

Autora de la High Line, la ampliación del MoMA y el centro de artes escénicas The Shed, la arquitecta Elizabeth Diller reimagina las instituciones culturales.
El espacio de trabajo de Liz Diller se encuentra en un antiguo almacén a dos pasos del río Hudson, con vistas panorámicas a la densa retícula de la ciudad que ha logrado transformar en cuestión de años. 
Nueva York lleva una década colmándose de los proyectos de esta arquitecta de 64 años y rictus solemne esconde una insospechada sonrisa de niña traviesa. 
Suya es la renovación del Lincoln Center, la ampliación del MoMA y, sobre todo, la rehabilitación de la High Line, el exitoso paseo elevado sobre un tramo de ferrocarril abandonado que solía cruzar el barrio de Chelsea.

Desde su inauguración en 2009, esa vía peatonal se ha convertido en un hito del urbanismo: todas las ciudades del planeta quieren su propia High Line. 
Fue concebida para unas 300.000 personas, pero el año pasado recibió más de ocho millones de visitantes. 
En cualquier día soleado, se distingue a una masa humana avanzando a paso de tortuga a lo largo de sus dos kilómetros y medio. 
El precio del metro cuadrado se ha encarecido en tiempo récord y los vecinos de toda la vida han tenido que hacer las maletas. 
“Hay demasiada gente y un problema de gentrificación”, reconoce Diller sobre su particular monstruo de Frankenstein. 
“Aun así, ¿habríamos hecho las cosas de otra manera? Probablemente no”.
El centro de artes escénicas The Shed, en Nueva York.


Sobre el papel, nada indicaba que ese fósil del Nueva York industrial se terminaría convirtiendo en parada obligatoria del circuito turístico. 
De hecho, el alcalde Rudy Giuliani estuvo a punto de derribarlo. 
Diller cerró las puertas a la explotación comercial del paseo e incluso conservó en parterres las flores salvajes que crecieron durante sus años de abandono. 
“Pero un arquitecto no puede controlarlo todo”, se resigna. Su proyecto acabaría siendo la punta de lanza de la regeneración de la zona, a la que Diller acaba de sumar otro edificio: The Shed, un centro de artes escénicas integrado en el lujoso y controvertido proyecto de los Hudson Yards, nuevo barrio residencial y comercial que sus detractores describen como un patio para millonarios.
Con un coste estimado en 475 millones de dólares (423 millones de euros) de iniciativa privada, The Shed está pensado para acoger cruces entre música, teatro, danza y artes plásticas en sus 20.000 m2 de extensión. 
Aunque lo más rompedor es su cualidad mutante. El edificio tiene una planta de dimensiones variables. 
The Shed se expande y se contrae gracias a gigantescas ruedas que se deslizan por un raíl industrial, en un guiño al pasado del lugar. 
“La idea era construir un espacio modulable, hasta el punto de ser capaz de agrandarlo o reducirlo en función de las necesidades”, afirma Diller. 
Todo surgió de una reflexión sobre las insuficiencias de los museos para acoger nuevas formas de arte. 
“El mundo cultural está demasiado compartimentado en disciplinas. 
Hemos querido dar un paso adelante y pensar cómo será el arte del futuro”, resume.

En 2018, Diller fue la única arquitecta incluida en la famosa lista de las personalidades más influyentes que confecciona la revista Time. 
Cuando se le recuerda, se encoge de hombros. 
Y recuerda que si ejerce este oficio es “casi por accidente”. Diller se formó en la prestigiosa Cooper Union, pero entonces tenía la intención de convertirse en artista o cineasta. 
“La arquitectura no me convencía, porque la veía demasiado separada del diálogo existente entre el resto de disciplinas. Mi idea fue hacerla entrar en esa constelación de ideas. 
Eso es lo que intento enseñar a mis alumnos”, asegura Diller, que es profesora en Princeton.
Las manos de Diller sostienen una 'matrioshka'.LANDON SPEERS


Como reza el dogma local, la arquitecta es una mujer hecha a sí misma. 
Nació en 1954 en la ciudad polaca de Lodz, hija de supervivientes del Holocausto que terminaron emigrando al Bronx neoyorquino cuando tenía cinco años. 
“No tengo recuerdos de mi país natal, salvo que teníamos pollos en el patio interior”, dice Diller con una sonrisa triste de estadounidense asimilada. 
Su memoria empieza con el transatlántico con el que la familia llegó al Nuevo Mundo, con un huevo duro bailando al ritmo de la marea sobre la mesa de su compartimento. Durante su infancia, Diller repartió diarios y botellas para ayudar en casa. 
“Tengo la clásica historia de una familia de inmigrantes que se sacrifican para que sus hijos tengan vidas mejores. Mientras yo estaba en la universidad, mis padres se partían la espalda”, dice Diller. 
“Nunca podría borrar esos orígenes, incluso si quisiera. 
Es algo que te define para siempre y que fija tu sensibilidad”.
ampliar fotoDiller con una maqueta de The Shed. L. SPEERS


Fundó la agencia que encabeza en 1981 junto a su marido, el arquitecto Ricardo Scofidio, que fue uno de sus profesores en la universidad. 
Durante las primeras décadas de existencia del estudio, convertido hoy en Diller Scofidio + Renfro, no construyeron ningún edificio. 
Prefirieron dedicarse al diseño de espacios para performances o a la confección de utopías arquitectónicas. Por ejemplo, la Slow House (1991), una casa de campo donde una simple puerta hacía las veces de fachada, o el Blur Building (2002), cuyas paredes estaban delimitadas por el vapor de agua y que uno debía visitar con chubasquero. “Cuando era joven, no seguía ninguna norma. 
Todo lo que hacía era criticar y resistir”, confiesa Diller. 
“Con el paso de los años y cierto grado de madurez, entendí que no solo podía dedicarme a la crítica. 
Empecé a funcionar con actitud más productiva”.
Elizabeth Diller. LANDON SPEERS


Aun así, sus propuestas siguen teniendo un componente teórico y vanguardista, un ápice de rebelión y compromiso social que logra matizar, a menudo, el gran espectáculo en el que se ha convertido su arquitectura (no es casualidad que, cuando el cineasta Spike Jonze preparaba Her, le pidiera consejo para diseñar la ciudad distópica que aparecía en la película). 
Diller considera que su disciplina es “una manifestación física de las relaciones sociales”. 
Y sigue preguntándose qué podrá hacer la arquitectura en estos tiempos turbios. 
“Hoy todo va mucho más rápido. 
La sociedad, la economía, la tecnología y el contexto político mutan a toda velocidad. 
Y creo que los edificios no suelen ser buenos para encajar estos cambios. 
Tal vez los arquitectos tengamos que que empezar a hacernos otras preguntas”, sostiene. 
La inmanencia de las catedrales es cosa de otro siglo. Diller no sabe para qué servirán sus edificios el día de mañana, por lo que aboga por “una arquitectura de la infraestructura” que admita otros usos de cara al futuro.
Un detalle de la maqueta de The Shed. LANDON SPEERS


Después de hacerse un nombre en Estados Unidos con sus museos y equipamientos culturales, como el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston o la colección privada The Broad en Los Ángeles, el próximo acto de su carrera apunta hacia el extranjero. 
La agencia de Diller tiene dos proyectos de altísimo perfil en Londres: la ampliación del Victoria & Albert Museum y la nueva sede de la Sinfónica de la capital británica, que dirige Simon Rattle. 
En Río de Janeiro terminan el nuevo Museo de la Imagen, en plena playa de Copacabana, y cuentan con otros proyectos en China, Japón y Australia.

En 2017, Diller inauguró en Moscú un enorme parque vecino al Kremlin. 
Ganaron el concurso contra pronóstico, al no haber respetado su principal consigna: no crear ningún espacio de encuentro. “Dudamos antes de trabajar para el régimen ruso, pero llegamos a la conclusión de que lo hacíamos para los ciudadanos y no para el Kremlin”, se explica. 
Su proyecto ha suscitado protestas en los círculos del poder. “Voces conservadoras se quejan porque la gente va allí a practicar sexo. 
A mí me parece buena señal. Significa que la gente lo ha hecho suyo. 
Y, encima, hemos logrado molestar a esos tipos”, sonríe con satisfacción. 
“Está feo que yo lo diga, pero creo que hemos ganado”. Cuando se ha sido rebelde, algo queda.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Parra-Muller galardonada como arquitecto del año 2018




En el marco de la celebración de la Feria ePower&Building 2018, el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España ha propuesto al estudio Parra-Müller Arquitectura de Maternidades como merecedor del reconocimiento “Arquitecto del Año 2018”, por la labor social y de transformación de la vida de las personas a través de la Arquitectura.
Tras todos estos años trabajando para actualizar los entornos hospitalarios y dotarlos del calor y el cuidado que precisan, es una alegría enorme recibir este galardón, y queremos compartirlo con nuestros clientes, socios, amigos y colaboradores, que desde el principio y a lo largo de los años habéis estado a nuestro lado, confiando, animando, creyendo en nuestra visión y en nuestro trabajo.
La entrega de premios será el próximo jueves 15, a las 16.30 en IFEMA de Madrid, en el pabellón de la feria ePower and Building.

Angela E. Müller
arquitecta
Arquitecta por la Universidad Técnica de Berlín desde 2001. 
Austriaca de nacimiento, comienza su carrera profesional en 1997 como colaboradora del estudio Braunfels Architekten en Berlín. 
Desde su colaboración con Helmut Christen en Viena en la realización de la nueva Maternidad y la reforma del Hospital de Niños de Linz ve crecer su interés por la arquitectura hospitalaria y la capacidad y escala humana de la misma. 
Tras unos años dedicados al diseño en el sector hotelero y retail, funda en 2007, junto con Marta Parra Casado, Parra-Müller Arquitectura de Maternidades. Tras realizar un Máster en Arquitectura, Organización y Gestión de Infraestructuras Hospitalarias, en 2011, se dedica completamente a la humanización de la arquitectura sanitaria.
Su pasión es el diseño basado en los procesos y la escala humana aplicada a los hospitales como estructuras complejas, con sus diferentes usuarios como eje vertebrador de los proyectos.

Marta Parra Casado
arquitecta


Arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid desde 1999.
En 1998 comienza su carrera profesional como socia del estudio Virai Arquitectos, en el cual desarrolla concursos, proyectos y obras de edificios singulares escolares, culturales y deportivos.
A raíz de su maternidad, decide dedicarse profesionalmente también a transformar las maternidades hospitalarias, junto con Angela Müller, y comienzan su andadura en Parra-Müller Arquitectura de Maternidades, colaborando con el Ministerio de Sanidad y elaborando el cuerpo teórico del cambio de espacios en las maternidades, que posteriormente desarrollarán mediante proyectos por toda España, Europa y África, siendo pioneras en la aplicación del Diseño Basado en la Evidencia (EBD) en los espacios de parto.
Su pasión por la humanización y el cuidado que el diseño puede aportar a los hospitales ha permitido ampliar su campo de acción a otras áreas hospitalarias, como Pediatría, Oncología y UCIs.

Marta cree en el poder transformador del diseño y la arquitectura, como aliado del bienestar y la salud, desde las necesidades de todos los usuarios.